sábado, 1 de diciembre de 2012

3- estado moderno y su expansion


                 
              El Estado moderno  y su expansión

En los primeros siglos de la Época Moderna no solo se ampliaron los horizontes culturales, sino también, los horizontes geográficos. Fue la época en que se llevaron a cabo los viajes marítimos de exploración, los que, con una motivación económica indiscutida, terminaron por dar a conocer un mundo muy diferente a la imagen que habían concebido los europeos de él. Con estos viajes se dio inicio a la expansión europea, proceso que continuaría en forma incansable en los siglos posteriores, llevando a Europa a ejercer una supremacía creciente en gran parte del mundo. Quedaba definitivamente atrás esa Europa replegada de los primeros siglos medievales; se abrían nuevos mundos, pero también nuevos desafíos y problemas por resolver.

Paralelamente a este proceso, y en estrecha relación con él y con la renovación cultural , se fueron consolidando cambios económicos y políticos que darían su sello al mundo moderno. El sistema económico del capitalismo hacía su aparición y se reemplazaban estructuras que llevaban siglos de duración; el Estado moderno se configuraba lentamente, implementando una organización del poder que perduraría a pesar de los cambios constantes del mapa político europeo.

 


Panorama politico y economico del siglo xv       

Las transformaciones políticas que caracterizaron los últimos siglos medievales siguieron su curso, de modo que el panorama político que presentaba Europa a fines del siglo XV presentaba una serie de novedades, como puedes apreciar en el siguiente mapa:


 




La principal novedad era que en el sector oriental de Europa se había conformado el Imperio Otomano, en territorios que habían pertenecido al Imperio Bizantino. Los turcos otomanos eran de religión musulmana y se caracterizaron por sus claras tendencias expansivas hacia el Norte y el Occidente, lo que obligaría a algunos Estados europeos a destinar grandes esfuerzos y recursos para impedir su avance.
 
En Europa occidental los reinos continuaron su proceso centralizador, organizándose como monarquías autoritarias de carácter dinástico, como fueron los casos de Inglaterra, Francia y España. En el este de Europa, Polonia y Hungría fueron monarquías electivas. En la región septentrional, la Unión del Kalmar, que mantenía unida a Suecia, Noruega y Dinamarca, bajo el control de este último, se disolvería en 1521 quedando Suecia independiente.
 


    -Existían casas reinantes de gran influencia como la Casa de Borgoña (poseía el reino de Borgoña, los Países Bajos, Flandes, Luxemburgo y el Franco Condado) y la Casa de Austria, con la familia Habsburgo, que con Maximiliano llegó a poseer Austria, Bohemia y Hungría 

     -En lugares donde la autoridad del rey o del emperador era más débil, las ciudades tendieron a constituirse como entidades políticas independientes, como fue el caso de las ciudades-estado del norte de Italia, en las cuales algunas familias fueron las que llegaron a monopolizar el poder.

    En este contexto, la organización del poder fue adquiriendo nuevas características y se fue configurando el Estado moderno.
           

En el plano económico, la mayor circulación de la moneda y la ampliación de los negocios favorecieron la acumulación de capital, que se invertía, a su vez, en nuevos negocios, conformándose el capitalismo como sistema económico.

La situación del comercio a larga distancia se vio afectada por la presencia turca en el Mediterráneo y su expansión. En el comercio con Asia oriental, las rutas se hicieron más peligrosas y las mercancías más caras. Ante estas dificultades, se planteó la necesidad de buscar nuevas rutas.

La búsqueda de rutas comerciales hacia Oriente se centró en el océano Atlántico y fue protagonizada por los reinos de la península Ibérica, especialmente Portugal que, durante el siglo XV, organizó diversas expediciones que avanzaron hacia el sur de África y llegaron finalmente a la India. A fines del siglo, la empresa de Cristóbal Colón, autorizada por la Corona de Castilla, amplió aún más los horizontes geográficos e incorporó América al área de influencia europea. La paulatina pérdida de importancia del comercio mediterráneo afectó a los venecianos que se mantuvieron en él; los genoveses, en cambio, tomaron como principal base de sus operaciones la península Ibérica y cooperaron con los viajes de exploración de portugueses y españoles.


    Las monarquías autoritarias y el Estado moderno
 


El fortalecimiento del poder de los reyes, proceso iniciado a fines de la Edad Media, se fue incrementando en la Época Moderna. Atrás iba quedando el ideal medieval de la autoridad universal representada por el Papa y el emperador, y la capacidad de estos para imponerse sobre las dinastías constituidas.

La tendencia que se fue manifestando con mayor claridad fue la consolidación de unidades territoriales de carácter monárquico. En ellas, los principales elementos de cohesión eran la unidad lingüística de sus habitantes y su dependencia de una dinastía real. En estos territorios el poder se fue centralizando en los reyes, para lo cual tuvieron que someter a la nobleza y apoyarse en aquellos que veían en dicha centralización una garantía de ley y orden. Estos últimos eran fundamentalmente los burgueses, quienes estaban a favor de las pretensiones de los reyes en cuanto se generaran condiciones favorables para sus actividades económicas
.
Fue en los reinos europeos occidentales donde se perfiló más nítidamente la
monarquía autoritaria, es decir, una monarquía con las siguientes características:

El rey consiguió hacerse obedecer al interior del reino e impedir que siguiera aumentando el poder de grupos, como los nobles, o de instituciones, como las Cortes (en España), el Parlamento (en Inglaterra) y los Estados Generales (en Francia). No obstante, debía considerar la participación de asambleas representativas.
El rey no reconocía ningún poder exterior que limitara su autoridad en el reino. Ni siquiera el del Papa o el del emperador.
Este aumento del poder real se hizo posible en la medida en que los reyes fueron capaces de contar con:
Una fuerza militar que respondiera a sus intereses en forma permanente, a diferencia de lo que ocurría en la época medieval en que era fundamental el apoyo de los ejércitos de los señores feudales.
Una base financiera –generalmente obtenida a través de los impuestos y de los préstamos que les otorgaban importantes banqueros o financistas– que les permitiera solventar los gastos del ejército y de una red de funcionarios con que el rey contaba para administrar el reino.

. Un conjunto de ideas que sustentara su poder, lo cual se obtuvo a través de la recuperación del derecho romano y su teoría sobre la autoridad del soberano.


De este modo se fue configurando el llamado Estado moderno, una unidad territorial claramente delimitada, con un poder central soberano, apoyado en un aparato administrativo –la burocracia– y en un ejército permanente.

 
Todo este funcionamiento del Estado se apoyaba en:
 
UNA BUROCRACIA

Constituía el aparato administrativo del Estado, el conjunto de funcionarios estatales que cumplían diversas funciones en la administración. Entre esos funcionarios también se contaban los encargados de mantener relaciones diplomáticas con otros Estados.

UN EJÉRCITO

Se trataba de soldados de oficio que cumplían con la tarea de asegurar la paz interna y defender al Estado durante la guerra. Existía la modalidad de ejércitos mercenarios o, en el caso de las monarquías, ejércitos permanentes. Infantería, caballería y artillería fueron las tres armas básicas del ejército moderno.



                 El surgimiento del capitalismo
La ciudad, cuyo desarrollo venía aumentando desde fines de la Edad Media, fue el ámbito donde tuvo su origen el capitalismo, un nuevo sistema económico basado en la acumulación creciente de capital. Quienes contaban con capital lo invertían en negocios, y las ganancias obtenidas les permitían acrecentar el capital inicial. Se continuaba reinvirtiendo una y otra vez de modo de obtener cada vez mayores beneficios económicos. Es por ello que se afirma que una de las bases del nuevo sistema era el afán de lucro.
 

Este sistema económico fue implementado fundamentalmente por la burguesía y respondía a las características de la nueva mentalidad burguesa que se había ido consolidando en los últimos siglos . Su exponente era el hombre de empresa, innovador y dispuesto a correr riesgos, pero siempre tratando de prever las situaciones, planificando racionalmente sus pasos y ordenando sus cuentas para llevar a cabo con éxito cada negocio. Cada vez se resentía menos de reconocer que su objetivo era ganar dinero para multiplicarlo en muchos negocios, de preferencia, diversos y con la mayor amplitud territorial que fuera posible.
 
hombre de empresa, innovador y dispuesto a correr riesgos, pero siempre tratando de prever las situaciones, planificando racionalmente sus pasos y ordenando sus cuentas para llevar a cabo con éxito cada negocio. Cada vez se resentía menos de reconocer que su objetivo era ganar dinero para multiplicarlo en muchos negocios, de preferencia, diversos y con la mayor amplitud territorial que fuera posible.


La acumulación creciente de capital se lograba a través de las participación en empresas que permitieran obtener ganancias significativas.


El comercio a larga distancia era una de las actividades más lucrativas, destacando especialmente el comercio marítimo que permitía transportar a lugares más lejanos una mayor cantidad de mercancías. Entre los productos más comunes del comercio europeo se encontraba la sal, el trigo, pescado salado, lana en bruto y elaborada en paños, telas de lino y seda, cueros, vinos, pieles, sustancias tintóreas como el pastel, alumbre, minerales, etc. Pero, sin duda, una de las empresas más lucrativas era el comercio de las especias que provenían del Lejano Oriente. En la actividad comercial se hizo cada vez más habitual la formación de sociedades que podían ser sociedades en comandita (unos aportaban capital y otros, el trabajo) o compañías (todos aportaban capital y trabajo).


La creciente actividad comercial con sus múltiples transacciones hacía necesario contar con una mayor circulación de moneda. Por ello, la búsqueda de metales preciosos adquirió gran importancia y se fomentaron las actividades mineras.

La explotación de recursos minerales también permitió acumular capital. En Europa la producción de oro era escasa, pero la de plata alcanzó un mayor desarrollo, sobre todo con el hallazgo de minas en Europa central, específicamente en Alemania, Bohemia y Hungría. La producción de plata,
además, se abarató con una innovación técnica desarrollada en Alemania: el empleo de mercurio. Este se mezclaba con el polvo mineral, sal y abundante agua; la reacción era que la plata se unía al mercurio y luego, al aplicar temperatura, este último se volatilizaba, quedando solo la plata.

Otra actividad que favoreció la acumulación de capital fue la industria textil, la fabricación de paños y telas de lana, seda y lino. En este rubro surgieron algunas empresas de tipo capitalista:


 el empresario era dueño de las materias primas y maquinarias y contrataba a trabajadores, vendiendo luego el producto y obteniendo los beneficios. Otra modalidad era la industria doméstica: un mercader se procuraba la materia prima, por ejemplo la lana, encargaba a distintas personas las diversas tareas de la producción (generalmente en las zonas rurales para escapar del control de los gremios), luego recogía el producto elaborado y lo comercializaba.





Finalmente, una de las actividades más rentables, si bien estaba reservada solo a los grandes empresarios, fue el préstamo a interés. Clientes frecuentes de los grandes prestamistas fueron los reyes, necesitados de dinero para sus empresas políticas y militares.
préstamo a interés. Clientes frecuentes de los grandes prestamistas fueron los reyes, necesitados de dinero para sus empresas políticas y militares.

En cuanto a las políticas económicas implementadas por los Estados, primó el mercantilismo, según el cual la posesión de metales preciosos como el oro y la plata eran la principal fuente de riqueza. Este sistema se vio favorecido por el contexto histórico

. Por una parte, las exploraciones de ultramar habían despertado la sobrevaloración del oro y la plata, que abundaban en los Imperios del Nuevo Mundo; por otra, la fuerte política de competencia internacional entre los Estados absolutistas y el irrestricto
poder de los monarcas conllevó a la aplicación de medidas proteccionistas y al intervencionismo estatal de las actividades mercantiles e industriales.

                
        La expansión europea de ultramar


En los siglos XV y XVI se llevó a cabo una de las empresas europeas de mayor trascendencia en la historia: los viajes marítimos de exploración. Iniciados en las costas atlánticas, permitieron que los europeos accedieran a mares, tierras y pueblos que desconocían. A medida que los viajes se sucedían, iban ampliando su mundo conocido hasta límites insospechados y aumentando la posibilidad de intervención en él. El proceso de expansión europea provocó cambios que afectaron a los mismos europeos y a los habitantes de los territorios que quedaron bajo su influencia.
       

   Motivos y medios de los viajes de exploración

La expansión europea, como todo proceso, tuvo una serie de antecedentes que la explican, entre los cuales se cuenta la realización de los viajes marítimos de exploración. Por ello es importante reconocer las motivaciones que impulsaron estos viajes.

Aunque se les denomine "viajes de exploración", no hay que pensar que tenían un interés científico o que eran expediciones organizadas con el fin de aumentar el conocimiento geográfico. El motivo principal de la exploración era la búsqueda de nuevas rutas comerciales que permitieran a los europeos acceder a lugares de Asia y África, desde donde provenían productos que eran muy apreciados por ellos.



Estos productos eran, principalmente, los metales preciosos y las especias. En una época en que el comercio y la circulación monetaria tenían una importancia creciente, era fundamental contar con oro y plata como medios de pago. El oro escaseaba en Europa y la producción de plata, si bien aumentaba con la explotación de las minas de Europa central, no era del todo suficiente. En el caso de las especias, ya sabes que se trataba de un producto de alto valor comercial y muy demandado por los europeos.
 

La mirada se dirigía hacia las Indias, territorios de donde procedían las especias y que en la obra de Marco Polo eran destacados por su abundancia de oro y piedras preciosas. Otra región que despertaba el interés europeo era África, ya que entre los productos que los comerciantes árabes llevaban desde el interior del continente hacia las costas del mar Mediterráneo se encontraba el polvo de oro en grandes cantidades.
La búsqueda de rutas comerciales por el océano Atlántico, iniciada a comienzos del siglo XV, se incrementó cuando los turcos, tras conquistar Constantinopla (1453) –principal puerto donde los europeos compraban las especias–, subieron exageradamente los impuestos a los comerciantes.

Los viajes de exploración requerían de organización, conocimientos, medios técnicos, financiamiento y personas dispuestas y capaces de participar en ellos.

Respecto de los medios técnicos, la búsqueda de las nuevas rutas se llevó a cabo por la vía marítima, a través del océano Atlántico (la "mar Océano"), aguas que no eran habitualmente navegadas lejos de la costa y de cuyas dimensiones no se tenía conocimiento. Para emprender travesías por alta mar era fundamental, entonces, contar con naves e instrumentos de localización adecuados. La construcción de
carabelas, en las cuales se fundían elementos de distintas tradiciones náuticas, y el uso de la brújula y el astrolabio, instrumentos que los árabes habían introducido en Europa desde la China, posibilitaron técnicamente estos viajes.

En cuanto al financiamiento, este no fue tan difícil, ya que las empresas se llevaron a cabo en un contexto económico en que el capitalismo adquiría cada vez más importancia. El interés por ampliar los negocios y participar de un comercio tan lucrativo como el de las especias o encontrar metales preciosos, motivó a muchos capitalistas a financiar estos viajes.
Por último, las esperanzas de obtener algunas riquezas, así como los deseos de alcanzar honor y fama, motivaron a muchos hombres a embarcarse en estos viajes, demostrando su espíritu de aventura y su capacidad de arriesgarse y enfrentar desafíos.

Portugal , en primer lugar, y luego España (Castilla), fueron los reinos que iniciaron estas travesías. Se veían favorecidos por su posición geográfica, pero además por la gran experiencia y conocimientos náuticos que se habían ido acumulando entre sus diestros marineros, los cuales se vieron además apoyados por la experiencia de los italianos que se incorporaban a estas expediciones. En ambos reinos, las expediciones contaron con el apoyo y respaldo del Estado, lo que era muy importante considerando que se trataba de empresas de largo aliento, donde no bastaba uno o dos viajes.

           Los viajes portugueses de exploración


Portugal fue el primer reino en organizar viajes de exploración por el océano Atlántico. Los portugueses tenían una gran experiencia comercial y marítima, ya que sus barcos realizaban el tráfico entre el mar Mediterráneo y las ciudades europeas del Atlántico Norte. El puerto de Lisboa era el centro de este intercambio. También realizaban un activo comercio con los puertos del norte de África, lugar a donde los comerciantes musulmanes llegaban con oro y esclavos provenientes del interior del continente.





Su posición geográfica y su experiencia marítima fueron fundamentales para que Portugal emprendiera el proyecto de buscar nuevas rutas para este comercio y también para el comercio con Asia, navegando hacia el sur de África. Pero esto no era fácil, pues significaba viajar a lo desconocido: ¿de qué tamaño sería África? ¿Qué peligros los acecharían? ¿Existiría al sur de África un paso marítimo que permitiera llegar a Asia?

A principios del siglo XV el príncipe Enrique el Navegante, hijo del rey Juan I, impulsó el proyecto de los viajes y fundó la Escuela Naval de Sagres que se convirtió en un centro de investigaciones; allí se creó un observatorio astronómico, se perfeccionó el uso del astrolabio, se elaboraron mapas y se modificaron los barcos dando origen a la carabela.


La expansión portuguesa fue una gran empresa del reino. Se inició con la toma de Ceuta en el norte de África (1415) y avanzó paso a paso durante todo el siglo XV, hasta llegar a la India:




 
. En la primera mitad del siglo XV los portugueses controlaron las islas Madeira, Azores y Cabo Verde. Desde entonces estas islas fueron centros de aprovisionamiento de las naves que viajaban por el Atlántico y refugio seguro para las naves portuguesas en dificultades.

•A mediados del siglo XV los portugueses llegaron al golfo de Guinea. Comprendieron que África era mucho más grande de lo que pensaban. Para entonces ya habían iniciado el comercio de marfil y de esclavos negros.

•En 1487 Bartolomé Díaz alcanzó el extremo sur de África. Lo llamó Cabo de las Tormentas, pero después fue rebautizado como Cabo de Buena Esperanza, pues abrió el camino a la India.

•En 1498 Vasco de Gama llegó a la India por una ruta exclusivamente marina.

La presencia portuguesa en África se mantuvo, sobre todo, por el lucrativo comercio de esclavos, pero una vez alcanzada la India, los mayores esfuerzos se centraron en Asia y en el comercio de las especias. Para controlar este comercio se debía dominar la navegación del océano Índico y establecerse en algunas zonas. El dominio marítimo se logró en 1509, cuando el capitán Almeida derrotó a los musulmanes en la batalla naval de Diu. En 1510, su sucesor, el virrey Alfonso de Albuquerque, conquistó Goa, que sería la capital de la India portuguesa, en 1511 tomó Malaca, y entre 1512 y 1514 ocupó las islas Molucas. A mediados de siglo, los portugueses se instalaron en Macao (China), que pasó de ser un lugar de feria, a convertirse en un emporio con actividades permanentes. Portugal tuvo la hegemonía en el comercio de las especias durante todo el siglo XVI. 




Los viajes españoles de exploración 


En el caso de España, a diferencia de Portugal, el inicio de los viajes en busca de nuevas rutas a las Indias no respondió a una planificación o empresa dirigida por un rey o un príncipe. La iniciativa fue de un navegante genovés, Cristóbal Colón, quien buscaba apoyo para su proyecto de alcanzar el Lejano Oriente navegando por el océano Atlántico hacia el Occidente. Ofreció sus servicios y expuso sus planes en algunas cortes europeas, pero solo consiguió apoyo de los Reyes Católicos, específicamente de Isabel de Castilla.

En abril de 1492, en la ciudad de Granada –último enclave del dominio árabe en la península Ibérica y recién reconquistada por los ejércitos españoles– se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe, documento en que la reina Isabel autorizaba la empresa de Colón y definía las recompensas que se le otorgarían, tales como el título de Virrey y Gobernador de las tierras descubiertas y la décima parte del oro, plata, especias y cualquier mercadería encontrada.

El 3 agosto de 1492 zarparon del puerto de Palos las tres carabelas de la expedición. El 12 de octubre de 1492 desembarcaban en la isla de Guanahaní, en el continente americano. Colón creyó que se trataba de las islas de Asia Oriental y, aunque realizó viajes posteriores a la zona, siguió 
sosteniendo haber llegado a las Indias.

Esta empresa tuvo lugar unos pocos años antes de que Vasco de Gama llegara a la India por la ruta
africana. La noticia del éxito español (se aseguraba haber alcanzado las Indias) fue un duro golpe para los portugueses. Más aún cuando los Reyes Católicos obtuvieron una bula en que el Papa Alejandro VI les concedía la soberanía de las tierras descubiertas y por descubrir hacia el occidente de una línea imaginaria que se extendería, de norte a sur, a 100 leguas marinas al oeste de las islas Azores y Cabo Verde. Las reclamaciones portuguesas no se hicieron esperar y en 1494 los reyes de Portugal y España firmaban el Tratado de Tordesillas, mediante el cual se reconocía una línea demarcatoria de la influencia de ambos reinos, pero esta era fijada 370 leguas al oeste de las islas ya mencionadas.
 
 


 
Como consecuencia del viaje de Colón se iniciaron nuevas expediciones destinadas a explorar las tierras recién descubiertas. Entre ellas hubo varios viajes que contaron con la participación del florentino Américo Vespucio, quien después de explorar las costas de los territorios que hoy constituyen Brasil y Uruguay, comprendió que estas tierras formaban parte de un continente diferente a Asia y propuso llamarlo Nuevo Mundo.La certeza de haber llegado al continente americano y no a las Indias 
no terminó con el interés de alcanzar el Lejano Oriente por la ruta occidental, más aún cuando en 1517, Vasco Núñez de Balboa había divisado el Mar del Sur (océano Pacífico) en la región de Panamá. La idea era buscar un paso que comunicara el océano Atlántico con el Pacífico para 
llegar a las Islas de las Especias.
Tal empresa fue llevada a cabo por Hernando de Magallanes, un navegante portugués que obtuvo el apoyo del rey Carlos V de España para una expedición que buscaría el ansiado paso en el extremo sur de América. En 1519 se embarcó con cinco naves y 260 hombres y después de navegar por las costas de Brasil hacia el sur, descubrió el estrecho que comunica el océano Atlántico con el Pacífico y que hoy lleva su nombre. 
Fue bautizado como estrecho de Todos los Santos por la fecha de su descubrimiento: el 1 de noviembre de 1520. Magallanes no concluyó su viaje. En abril de 1521 fue muerto por indígenas en las islas Filipinas. 
En septiembre de 1522 llegaban por fin a España los que habían logrado superar todas las dificultades: tan solo 18 hombres en  la nave “Victoria”, al mando de Sebastián Elcano.



 Las consecuencias de la expansión para Europa


Durante los siglos XV y XVI, Portugal y España iniciaron la  expansión europea de ultramar. Con sus viajes comenzaba la incursión sistemática de los europeos en otros continentes para establecer algún 
tipo de dominio en ellos, hecho que tuvo consecuencias de gran alcance en diferentes ámbitos. Uno de los principales resultados de este proceso expansivo fue la inserción de América en el mundo occidental. Tras el viaje de Colón, los destinos de este continente quedaron enlazados con los de Europa.
Numerosas fueron las consecuencias que el dominio europeo tuvo para los americanos, tema que has estudiado en años anteriores. Pero la influencia del Nuevo Mundo se hizo sentir también en Europa.


En Europa los principales cambios derivados de la expansión fueron:

 


 
Los viajes de exploración revolucionaron los conocimientos geográficos de los europeos. La idea de tres partes de tierra alrededor del mar Mediterráneo fue poco a poco reemplazada por una nueva imagen del mundo, uno más ancho y con límites más lejanos. Además, se comprobó la esfericidad de la Tierra. Sirvieron también para ahuyentar muchos de los temores y supersticiones relacionadas con los mares tenebrosos y llenos de monstruos. Pero el acceso a territorios hasta entonces desconocidos despertó, como antes el océano, la imaginación de los europeos, quienes los poblaron de seres míticos.


. El predominio de Portugal y España en ultramar significó la creación de los primeros imperios coloniales europeos. El imperio portugués en Asia se fundó en un sistema de factorías comerciales en las costas, explotadas por la Corona a través de concesionarios. La principal autoridad portuguesa en la zona era un capitán mayor y, más tarde, un virrey que tenía a su cargo responsabilidades militares, políticas y comerciales y que delegaba algunas atribuciones en regidores y goberFactorías: establecimientos de comercio, especialmente situados en países coloniales.
 
 La conquista de América por parte de los españoles fue un esfuerzo llevado a cabo fundamentalmente a ravés de la organización de empresas de conquista. En estas, el financiamiento era responsabilidad del capitán de conquista y se esperaba obtener, entre otros objetivos, beneficios económicos.

 
 
La conquista de América por parte de los españoles fue un esfuerzo llevado a cabo fundamentalmente a 
través de la organización de empresas de conquista. En estas, el financiamiento era responsabilidad del capitán de conquista y se esperaba obtener, entre otros objetivos, beneficios económicos.

La creación de estos imperios tuvo como consecuencia un gran aumento de la actividad comercial, que ahora tenía como centro el océano Atlántico en vez del mar Mediterráneo. Por las aguas atlánticas circulaban las naves españolas con el oro, la plata y un sinnúmero de productos del Nuevo Mundo, así como las naves portuguesas con las valiosas mercancías asiáticas y los grupos de nativos africanos que luego eran vendidos en diferentes lugares como esclavos. 
Esta actividad comercial se enmarcó en la política comercial internacional, por el interés que generaba en los Estados europeos el comercio colonial, ya que aportaba grandes cantidades de metales preciosos y de otros recursos al mercado europeo.

 


La gran afluencia de metales preciosos y por lo tanto el aumento de la circulación monetaria, junto al crecimiento de la población europea, provocó un aumento en la demanda de productos agrícolas e industriales, lo que generó un fuerte incremento en los precios de estos productos.
La expansión europea permitió la consolidación del capitalismo, por cuanto se multiplicaron las actividades comerciales y los negocios asociados a las nuevas necesidades y, sobre todo, por la gran afluencia a Europa de metales preciosos, la mayor parte de los cuales procedía 
de las minas de plata que se explotaban en la América española.

La expansión, con su actividad comercial y la creación de imperios, resultó tan ventajosa que incentivó una competencia de poder entre algunos Estados europeos, competencia que se evidenció en la monopolización del comercio colonial como estrategia de control y aumento de las arcas fiscales.
 
Esto generó, además, políticas proteccionistas y una fuerte intervención de los Estados en las economías nacionales. En los próximos siglos, potencias como Holanda, Francia e Inglaterra comenzarían a disputar las posiciones y rutas comerciales a portugueses y españoles hasta conformar sus propios imperios.

Productos americanos como el maíz, la papa, el tabaco y el cacao (chocolate) conquistaron a los europeos y su consumo fue creciente. 
Asimismo, el conocimiento de un continente tan diferente de Europa tanto en su geografía como en su población, llevó a los europeos a cuestionarse muchas de las ideas que se sostenían hasta entonces y replantearon nuevos temas de reflexión como, por ejemplo, la condición humana de los indígenas americanos.









 


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